Me presento, esta soy yo

Déjame que te cuente mi historia y porque estoy aquí reivindicando el body positive, pero me gustaría explicarte porque he llegado aquí.

Hasta los 9 años fui un niña delgadita, ni mucho, ni poco, no recuerdo engordar, o comer demasiado o que no fuera sano, o dejar de ser activa… simplemente recuerdo que a los 9 años mi madre andaba muy preocupada por mi peso, y me llevo a un médico pediatra, que tras análisis de sangre, y con el colesterol alto, nos mandó a una nutricionista… y ahí empecé mi primera dieta. Mi recuerdo con 9 años es que podía comer pollo o pescado a la plancha y mucha ensalada. Seguramente podía comer más cosas, pero yo recuerdo comer pollo y lechuga, porque el pescado no me gustaba. Además tenía que hacer una hora de deporte todos los días, así que me inscribieron en un gimnasio y todos los días hacia una hora de aerobics con adultos. Es lo que tenían los 80 que las actividades variadas para los niños no son las mismas que ahora.

No te voy a contar con tanto detalle el resto de mi infancia y adolescencia, pero quédate con que, a partir de ahí, siempre estaba a dieta, porque, o lo estaba de verdad, o estaba pensando en la próxima dieta que haría, así que mentalmente siempre estaba a dieta, siempre peleada con mi cuerpo, mi autoestima, mi fuerza de voluntad, hablándome mal para motivarme…

De las dietas que he hecho recuerdo: la macrobiótica, la sopa quemagrasa, la de la alcachofa, la atkins, la del bocadillo, la keto, weight watchers, la dunkan, Naturhouse, varios, varios, varios “nutricionistas”, incluyendo uno que me recetaba unas pastillas que me quitaban el hambre. Era maravilloso, hasta que un día nos enteramos que lo habían detenido, porque las pastillas no eran tan naturales como el decía…ejem…

Seguro que me olvido de alguna, pero te haces una idea, de los años y años de pelea conmigo misma.

La última dieta que hice fue la Pronokal. Aquella funciono como un tiro, solo podía comer los sobre que me daban ellos, adelgace muchísimos kilos en pocos meses, es esa foto en la que estoy tan delgada. Y ahí ya no pude más. La ansiedad que empecé a sentir, me imagino que en parte era porque no comía y en parte por saber que eso no era sostenible. Sabía que lo iba a recuperar todo. La gente me felicitaba, me alababa, me decían cosas preciosas, pero yo veía el borde del precipicio, y sabía que iba de cabeza.

Supongo que perder tantos kilos así de golpe tampoco es algo que a mi cuerpo le sentara tan bien, lloraba mucho, estaba muy nerviosa, me sentía mal, mientras todo el mundo me decía lo bien que me veía.

Me marco mucho un comentario que me hizo alguien, que me dijo que estaba tan delgada que si me conociera en ese momento, nunca hubiera imaginado que antes estaba gorda. Me pareció muy extraño, como si mi pasado, ya por fin lo pudiera borrar para siempre…

Y por si estabas esperando un final de película, en plan, “pues al final, me di cuenta, que mi cuerpo no podía seguir así, y cambie mis hábitos por unos hábitos más sanos y no engorde nada, y desde entonces he aprendido a mantenerme….”

Nop… no, no, no, no….. Deje la dieta, lo engorde todo, la gente dejo de decirme lo guapa y lo bien que estaba…. Pero realmente no podía ser de otra forma.

Esto fue hace 7 años, yo sabia que tenia que haber otra forma de hacer las cosas. Que la vida no podía ser continuamente esa lucha, que tenia que haber otra forma de vivir conmigo misma. Aquí es donde el coaching entro en mi vida y donde todo empezó a cambiar.

Tuve que aprender a cambiar mi relación conmigo misma, a como hablarme, a como medir mis éxitos y mis fracasos (ya te imaginas que antes era: delgada bien, gorda mal, independientemente de todo lo demás.

Podía haber ganado el premio nobel de la paz, si hubiera estado gorda no lo hubiera disfrutado y lo más importante aprendí a quererme lo suficiente para tratarme con cariño y con respeto.

Déjame que te diga algo: Nunca he sido mas infeliz que cuando he sido delgada: la sensación de que iba a fracasar, o sea volver a engordar, porque estar delgada era obviamente el éxito… ay… madre que de años perdidos.

Ahora soy capaz de reírme de mí, del peso, del botón que no cierra, lo he hecho parte de mi vida, sé que el cuerpo cambia, que el peso sube y baja, que hay meses que me hincho, otros que no. Que en verano voy a volver con varios kilos de más (y después de una pandemia también ja ja ja).

Ahora vivo más feliz, más plena, más presente. No te voy a engañar, las ganas de ser delgada no desaparecen, pero la necesidad de serlo si que se va matizando. Ahora es impensable hacer lo que hacia antes para conseguir ese premio de ser delgada, esa forma de maltratar a mi cuerpo y a mi mente.

He aprendido que hay días buenos, y que hay días malos y que no todo depende de lo que peso, o de la talla de mi pantalón.
He aprendido que mi valor está en otras cosas, que soy mucho más que eso.
He aprendido a escuchar a la cultura de dieta, pero a no creerme lo que me dice, a cuestionar, a retar creencias, a vivir con mis propias reglas.

Me declaro libre de querer a mi cuerpo, de cuidarme a mi manera y de ser feliz, sin tener que cambiar nada de mí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *